Lo escribí hace mucho, mas de dos años. Se nota la diferencia en la redacción, ahora creo que escribo de forma mas madura.
Es un pequeño cuento infantil en donde pude describir como me sentía en ese momento, ahora que lo volví a releer me di cuenta que de verdad, he dejado todo eso atrás.
----------------------*
Llegue de un mundo que se había quemado por la maldad y las injusticias, ahora tenia paz y mucho mas amor. El mundo donde estaba en este momento se hacia llamar “Mundo Feliz”, era gobernado por los Reyes Felices quienes tenían una hija como princesa, la única heredera.
Recuerdo que me regaló una casa de chocolate con manjar, algunas paredes eran de galleta de vainilla y ahí me aloje ese casi año de estadía.
Los pastos eran de coco dulce, la luna era de chocolate blanco otros decían que era de un queso tan delicioso que no volvías de ahí de lo rico que estaba, en verdad nadie sabia de que era esa luna pero si siempre salía todas las noches a alumbrar nuestro lugar, las calles estaban llenas de dulces por doquier y era mas día que noche.
En uno de los tantos bosques de hojas de caramelo, se encontraba una cascada de chocolate negro, lo describí una noche que salí a pasear.
Al llegar, me di cuenta que una silueta femenina rondaba por los lares, cabello largo, rojo, la quede mirando y pude reconocer, era la hija de los Reyes Felices, entonces decidí acercarme, ¿Qué mal haría hablar un rato con la princesa del lugar?.
- Buenas noches su majestad... – Asustada volteo mostrando una mano llena de la deliciosa agua que caía en la cascada, chocolate negro derretido.
- Buenas noches... – Se levanto apresurada, como si estar ahí fuese malo, un pecado pero en ese mundo no existían los pecados, ni la maldad, todo era bueno, cada cosa que uno hiciera.
- ¡Espere!... – le grite deteniendo su caminar, volteo nuevamente con cara de culpa.
- Debo marcharme... – pronuncio con voz triste, note en su mirada algo de melancolía.
- ¿Qué hay de malo pasear un rato por la noche y disfrutar este hermoso paisaje?... – pregunte descaradamente a la princesa.
Desde ahí empieza mi historia en este mundo, al cruzar solo algunas palabras con la mujer más hermosa del lugar, la princesa, grave error cometí... al enamorarme de ella.
Yo, siendo un hombre de bien y con sentimientos buenos, me hice conocido por todo los miembros del reino y fuera de él, como el pueblo. Al ser casi el mejor amigo de la princesa y tener el descaro incluso, de ir a la casa real para visitarla. Fui mal catalogado, muchos me dijeron que no me acercara a tal familia, menos a la hija, no entendía el porqué así que no escuche y seguí viviendo en lo que estaba, un sueño.
La inocencia del primer amor me invadía, cada vez que veía a mi princesa cortaba una flor de mazapán para ella y así la conquiste.
Estaba invitado a una comida muy importante dentro del reino, con mi mejor ropa llegue ahí, esa noche de primavera. Afuera, las flores de cerezo con sabor a eso mismo, caían alegremente al suelo tocando la mejor melodía que pude escuchar en toda mi vida.
La velada estuvo deliciosa, la gente del reino era muy buena conmigo, me aceptaron así, siendo un pobre hombre sin un peso que dar pero si con grandes sentimientos que conmovieron a todos en la mesa.
Mi princesa tomo mi mano debajo de la mesa y recibí una servilleta escrita con lápiz labial “Te espero después del postre, en la terraza principal. Tu princesa”.
Entonces cuando la cena hubo acabada, me disculpe y salí a la terraza principal, en donde, mi princesa me esperaba impaciente mirando las flores de los cerezos.
La llame por su nombre y sonriendo volteo, pensé: nunca en mi vida vi una escena tan hermosa; el cabello de mi princesa al viento, detrás los árboles gigantes de cerezo.
No evite sonrojarme pensando en la idea de ir y besarle los labios, acariciarle la mejilla, acaricias su cabello.
Con esa misma sonrisa, tomo mi mano y me guió hasta el final de la terraza, nos quedamos por largo tiempo, ¿una o dos horas?.
Ya terminada la velada dentro del reino, me despedí de mi princesa con un beso en la mejilla como acostumbraba hacerlo, di un paso para marcharme pero fui detenido, tomo mi mano como muchas veces lo había hecho esa noche, su cara estaba completamente roja y su mirada me pedía que hiciera lo que no me había atrevido.
Sonreí con ternura a su expresión y como ella misma me lo pedía con su mirada, tome su mentón y acerque mis labios para juntarlos con los de ella. ¿Qué puedo decir sobre ese sentimiento que me invadió todo el cuerpo?, Tan solo con esos segundos de contacto, mi corazón bailaba de alegría e inimaginablemente, las flores que aun padecían en capullo se abrieron. Fuimos interrumpido por la señora Feliz, sonrojado emprendí el rumbo hacia mi casa de chocolate con manjar.
Todo era hermoso ese día, la luna de chocolate blanco o queso brillaba aun más que todos los días desde que comencé a vivir en ese mundo y ahora si, pude comprobar que su nombre era de verdad, ahora estaba viviendo “Mi Mundo Feliz”.
La inocencia del primer amor se esfumaba poco a poco, no para mal, al contrario, ya no era tan inocente y a nuestra corta edad, experimentamos sentimientos que nadie jamás pudo haber experimentado y ya con esa inocencia perdiéndose, aun seguía todos los días cortando una flor de mazapán para mi bella princesa.
Los Reyes Felices estaban así, felices, no querrían otro ser como esposo mas que yo para su hija, aunque no tuviese ningún peso para darle, ni grandes riquezas, ni una casa del mejor caramelo dorado. Yo a su hija le entregaba felicidad, amor, ternura, mi princesita se fue haciendo grande cada día hasta que la vi mujer, hasta que note que su cuerpo había cambiado y yo deje de ir a visitarla.
¿No es algo estúpido? Si, no lo era, para mi no lo era, yo no podía ver a mi princesa con otros ojos, yo no podía desear algo mas con ella, era mi princesita y la ternura que resplandecía y brotaba de su cuerpo era lo que quería, ternura nada mas que eso pero no lo evite, no pude no pensarlo.
Mi princesa llego el mismo día que no la fui a visitar, llego derramando lágrimas sabor frutilla y me abrazo fuertemente.
- ¿Qué hice mal amado mío?... – Así fue, me rompió el corazón y yo le rompí el suyo al alejarme tan solo ese día, nunca mas lo hice nunca lo volví a repetir.
La pileta de chocolate era nuestro lugar de encuentro a final de la noche, pasábamos abrazados todas las horas juntos, besando su boca, tocando su pelo, tomando simplemente su mano.
Cada día nacía una flor de mazapán en mi jardín, ¿Por qué?, Porque cada día yo amaba mas a mi princesita, cada día pensaba que quería estar siempre para ella, por el resto de mi vida.
Pasaron algunos meses desde que bese por primera vez sus labios. Esa noche de nuevo fui al reino, la Reina Feliz me dio el permiso para subir a la habitación de mi princesa, así lo hice, camine todas las escaleras interminables hasta el cuarto de ella.
Primera vez que hacia eso, primera vez que conocía esas partes del reino, así que para mi todo eso era realmente nuevo.
Toque la puerta de la habitación descubriendo que estaba medio abierta, no quise entrar así que espere y toque nuevamente, escuche unas pequeñas palabras con la voz de ella “Adelante” y lo hice.
No fue mas la sorpresa al ver a mi princesita poniéndose un vestido, la espalda descubiertas, pies descalzos, su pelo caía adornado con flores de durazno por un costado de su cuello, inmóvil no di un paso más.
Al notar que nadie respondió, se dio vuelta quedando igual que yo pero ella, al contrario, se sonrojo y me sonrió.
- Amado... ¿Me ayudarías a subir este cierre de mi nuevo vestido?... –
Jamás había escuchado un todo de voz tan juguetón como el de esa vez, ¿Qué podía hacer?, me acerque y subí el cierre de su vestido, notando ese cuello desnudo, su cabello con olor a durazno, aun cuando ya había cumplido mi misión me quede detrás de ella y la abrasé por la cintura.
Esa fue la primera vez que tuvimos un encuentro mucho mas cercanos y luego de eso vinieron muchos mas, en las mismas situación que esas.
Una pequeña ave color Rosado llego a mi venta a una mañana de verano, dejando una carta de cristal escrita con caramelo masticable, reconocí enseguida que era la letra de mi amada y leyendo la carta apresurado, pude articular.
- ¿Esta noche, mi amada sola en el reino?... –
Si, eso decía la pequeña nota, los Reyes Felices viajaban a otro mundo para una cena conmemoratoria de algo que en verdad no sabia, no soy del reino, y mi amada quedaría sola (con sus sirvientes) así que me pidió cortésmente que fuera esa noche a dormir con ella.
¿Qué podía hacer yo? ¿Negarme a una petición de mi princesita? Claro que no, ahí estaba yo a las 8 de la tarde cuando el señor sol de pastel de vainilla seguía alumbrando.
Mi princesita vestía un pijama azul cielo, me invito a su habitación donde además tomaríamos el té.
Recuerdo que pasamos parte de esa noche abrazados en esa cama de algodón de azúcar, mi princesita se sentía segura en mis brazos, yo la abrazaba cada vez más.
Tome su mentón, como ese primer beso y la bese como muchas veces en esa noche, la luz de la habitación ya no estaba y la señora luna salió a alumbrar la cuidad, alargo el beso lo mas que pudo hasta perder el aliento.
Si, esa noche hasta el día de hoy fue la noche más importante en mi vida, esa noche tome entre mis brazos a mi princesa, esa noche pronuncie las palabras que jamás había pronunciado, le dije “te amo” mientras nos dejábamos llevar por la pasión y el amor escondido, en un suspiro sintió que no solo el placer de los dulces era bueno, sino que el placer de la pasión era mucho mejor.
En la mañana el viento tenia olor a mar dulce, las cortinas se movían al son de este intruso y desperté, mire a mi alrededor, el cuerpo de mi mujer descansaba desnuda atrapada en mis brazos y en las frazadas que nos cubrían del frío.
La bese por primera vez en la mañana y con algunos reclamos abrió sus ojos, me miro fijamente y se sujeto firme de mi cuello.
- ahora soy tu mujer... –
Y con esas simples palabras logro serlo, ahora ya no era mi princesita ni mi princesa, era mi mujer, la mujer que se convirtió hace algunas semanas en cuerpo y ahora mujer por probar la perdición de compartir una cama y alma con el ser amado, hacer el amor con el hombre que deseaba.
Mi vida estaba completa y al llegar esa tarde a casa, mire mi jardín, creció una flor el triple mas grande que las demás y esta poseía un color tornasol, la más hermosa que jamás había visto, mi mujer me cuidaba en esa casa.
Pasaron algunos meses, y los reyes ya sabían que su hija no era totalmente santa, pero aun así me miraban de esa forma tan cariñosa como lo hacían desde un principio.
Y muy por el contrario, cada vez que nos veíamos con mi mujer no era solamente hacer el amor, todo seguía igual.
La inocencia del primer amor se esfumo completamente, ahora la princesa del mundo era completamente mi mujer, muchas veces planeamos tener un hijo, un heredero, cosa que nos fue prohibida primer deberíamos casarnos, reglas de los Reyes felices.
Día a día mi flor tornasol crecía cada vez mas, la regaba con jugo natural de cereza o frutilla y así la mantuve viva por mucho tiempo, de la misma firma cuidaba el amor de mi mujer, cortando ahora mas de dos rosas de mazapán para ella.
Las noches la pasábamos abrazados después de entregarnos a la pasión y ahora la cascada de chocolate era cómplices de nuestros baños completamente desnudos, la vida se hacia cada vez mucho mas completa y mi mundo feliz crecía hasta pensé que todo realmente era un sueño.
Un día por la mañana, salí a regar mi hermosa flor tornasol, sorpresa fue la mía, hombre que amaba a sus plantas y cuidaba con toda su alma, al notar que mi flor tornasol se estaba enfermando de un pétalo y tenia una pizca negra de menos de un milímetro en ese pétalo enfermo, no me preocupe. Supuse que al igual que todas las flores de todo el reino marchitaban de vez en cuando, así que seguí regando y cuidando mi flor tornasol como si nada pasase.
Al mismo tiempo que la mancha de mi flor crecía, mi mujer enfermaba, empezó con un simple resfriado ese mismo día que descubrí esa pequeña mancha, luego mi mujer cayo en cama como el primer pétalo de mi flor cayo al suelo.
Desesperado busque dos remedios: uno para mi mujer y otro para mi flor. No pude hacer nada, me sentía inútil, yo seguía entregando todo el amor que tenia en esos momentos pero no, no fue suficiente y lloraba todas las noches desesperado por una salida pero no encontraba la puerta, ni una ventana, ni una escapatoria. Mi mujer enfermaba, mi flor hermosa se marchitaba ¿Qué ocurría con mi mundo feliz? Todo se caía en mis pedazos y yo lloraba, no hacia nada mas que llorar y entregar todo lo que podía.
El cielo color azul cada día se opacaba un poco mas, en la cascada de chocolate no salía tanto chocolate, el mundo feliz dejaba de ser eso, un mundo feliz.
Hice todo lo posible por salvarlo, trate de arreglar todo lo malo... pero mi flor tornasol una mañana amaneció completamente marchita y fue cuando me di cuenta de que mi mundo ya no era mundo, ni lo que había vivido era realidad, el largo sueño de casi un año llegaba a su final y yo lloraba, ¿Qué mas podía hacer? Solo lloraba.
Esa misma mañana, al darme cuenta de que el cielo perdió completamente su color y que los pastos se hicieron paja vieja, corrí hasta el reino...
No recuerdo con detalles que ocurrió esa mañana y tampoco busco las respuestas a estas preguntas, lo que sí recuerdo, es que ya el reino estaba completamente solo, los Reyes Felices se pintaron de negro para convertirse en seres severos y sin corazón, pasaron a ser los Reyes de la Maldad, y yo subí las escaleras interminables que alguna vez me llevaron al cuarto de mi mujer, la vi ahí... despojada de vida, despojada de sentimientos, una estatua cubría la cama... ¿Mi mujer?...
Entonces llore aun más de lo que había llorado en esos meses, tome su mano, la bese, bese sus labios, toque su cabello, no, no, no, mi mujer no despertaba, el corazón que mantenía latente el amor que sentía por mi se había congelado, ¿Qué hice dios, que hice? Me pregunte una y mil veces, la abrase fuerte, y mientras mas la abrazaba, mas lloraba y más sentía que ella no volvería.
Así fue, me he quedado hasta la eternidad a su lado, esperando que mi corazón se congele nuevamente, nadie entra a esta habitación por miedo a demostrar algún sentimiento.
He escuchado a las sirvientas decir que las cosas son de madera, el pasto es tierra firme, la luna se pinto de color plateado y ya no se come ni es de chocolate, la cascada bota agua sucia con desechos de la cuidad, todo lo lindo se convirtió en basura... ¿Y adivinen que? Si, yo estoy aquí, tomado de la mano de mi princesa, buscando que alguna llama de su corazón se encienda y vuelva a tener mi mundo feliz.
Ahora mi cuerpo, la que quedo fuera de mi alma y ese amor por mi mujer, se fue a vivir a otro mundo, en donde construyo con mis propias manos mi casa, nada es de dulces, pero se vive bien, tengo que trabaja, me esfuerzo por una vida mejor, pero ese amor y esa alma que siempre le prometí a mi mujer ahí están, en esa habitación abrazando al cuerpo inerte de mi pequeña mujer.
Lo único que prometo en estos momentos, es nunca jamás es volver a cometer el mismo error... ENAMORARME DE UNA PRINCESA.
viernes, 20 de febrero de 2009
Mundo Feliz
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario