Dedicado a una persona muy especial... Dolly.
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Al enterarse de que había un ángel en la zona, no dudo en querer sacarle las alas.
Lo buscó y buscó, hasta que un día vio al ser, cabello largo y pelirrojo, sus alas eran perfectas. Dios mandó al mejor ángel entre los Ángeles, seducirlo seria pan comido, era demasiado inocente para resistir a sus encantos.
Tardó semanas en llevarlo a la cama, y en esa noche, cada vez que besaba su cuello veía que una por una sus plumas caían en las sábanas. Cada suspiro, cada caricia, lo estaban llevando a lo más profundo del infierno, a él y a su ángel.
Desnudó su torso, el pelirrojo era perfecto, sin duda. Cuando ya había trazado el camino desde su cuello hasta el tope del pantalón, miró a su ángel y no pudo ver una imagen más bella: el pelirrojo estaba con los ojos cerrados y sus labios entre abiertos, y lo más hermoso, sus alas estaban destrozadas por la pasión.
Minutos después tenía al ángel desnudo. Como bien sabia, era un pecado pervertir a un servidor de Dios, por eso se excitó completamente cuando el pelirrojo tomó el control ubicándose ahora el arriba suyo. Su ángel sabía como hacerle perder los sentidos con una caricia. Sonrió con orgullo al notar que ya no quedaban plumas y su ángel estaba totalmente desnudo y con el pecado en su espalda.
Los dos desnudos, el ángel y el demonio, disfrutaban de un excitante roce con las partes que ni el Demonio ni el mismo Dios pudieron entregarles, pero ahora que estaban en la tierra podían disfrutar. Tomó entre sus brazos a su ángel destrozado y acomodándolo entre sus caderas cumplió su objetivo, el pelirrojo gemía de dolor y placer, cada envestida le costaba un suspiro desesperado y placentero.
Su ángel se movía de una forma deliciosa, mientras besaba por enésima vez en esa noche los labios de su captura. Estaba llegando al fin, el cielo y el infierno se hacían uno por primera vez y cuando por fin el último suspiro salió a flote, noto una lágrima en la mejilla del ángel.
Sus respiraciones imaginarias compartían un compás rápido, el pelirrojo cayó cansado a un lado de la cama, asustando un tanto al demonio que lo tapó enseguida con las sábanas. Su ángel ya no tenía alas, lo miró de pies a cabeza y cayó en cuenta de lo que había hecho. Trató de acomodarse en el lugar para que el pelirrojo reposara en su pecho, para reconfortarlo, y una culpa terrible nació en su corazón.
¿No debía sentirse orgulloso? ¿Cuántos Ángeles había destrozado antes? ¿Por qué justo con el más hermoso sentía que había cometido el peor error?.
Miró otra vez a su ahora ya no mas ángel, y una sonrisa adorable nació de sus labios
- Doihachan... deberás arreglar mis alas...- Dijo el pelirrojo en un susurro, mientras jugaba con una de las manos de su demonio.
- Ani... yo...
- Tienes que arreglarlas o sino, no podré volver al cielo... -
El demonio abrazó con fuerza a su ani, no le podía estar pasando, se había enamorado de la persona o ángel prohibido... y lo peor, al quitarle las alas, el mismo Hyde lo había condenado… los había condenado a ambos.
miércoles, 11 de febrero de 2009
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